sábado, 2 de abril de 2011

De honestidades y otras ratas.

El otro día hablandocon Begoña, mi maestra, le decía que una persona que me quería mucho me dijo una vez: "Ya no hay gente de izquierdas porque ningún zurdo ha tenido que luchar para no ser diestro." Una realidad como la copa de un pino, me contestó Begoña. No hablábamos de izquierdas o de derechas. No. Hablábamos de luchar. Hablabamos de comodidad. Ahora, todos, estamos en un momento cómodo. Aunque no estemos conforme con muchas de las cosas que nos rodean, no intentamos cambiarlas de alguna forma, pues es complicado, y cansado, levantarse del sofá. Ahora, y lo hablaba hoy con Massimo, no hay lucha porque no hay ganas de luchar, solo queremos salvar nuestro propio culo y no pensamos en el culo de los que vienen detrás. La realidad es que no queremos complicarnos la vida. Queremos vivir bien, comer bien, amar bien, pero sin esfuerzos, sin sacrificio. Eso es una falta de honestidad. Parece que lo que vivimos, amamos, comemos, nos llena. Pero en realidad nos gustaría vivir en otra parte, amar a otra persona y comer más y mejor. Como conseguir lo deseado puede significar perder lo que ya tenemos, y no sabemos bien si queremos perderlo, no deseamos, no vaya a ser que lo consigamos. Y no vaya a ser que lo consigamos perdiendo por el camino a más de un amigo, a más de un hermano. Si es que los conceptos amistad y hermandad siguen existiendo y no son simple lazos de conveniencia para disfrutar de nuestra vida, amante y comida, sin sobresaltos. Es decir, nos somos honestos ni con nosotros mismos.
Ahora no luchamos, no deseamos y, sobre todo, no nos sacrificamos. La vida es un sacrificio constante si queremos conseguir algo en este mundo. Pero como podemos conseguir cosas con el mínimo esfuerzo, preferimos esas que las otras y evitar sudores y lágrimas. Pero lo peor no es que nosotros lo hagamos, sino que estamos haciendo que nazcan otros en un mundo en el que eso es lo normal y no conoceran ciertos valores denostados y eliminados de la vida diaria. Honestidad y sacrificio parecen palabras sacadas de un catecismo judeocristiano, pero si le eliminamos toda compañía de cualquier dogma de fe, son las únicas palabras que nos hacen ser dignos. Si yo sacrifico ciertas pequeñas cosas por la persona a la que amo, es posible que sea digno de ser amado. Si yo soy honesto conmigo mismo y elijo mis amistades de forma altruista y no por interés, seré digno de tener una reunión de amigos comiendo en mi mesa. Si yo sacrifico algo de mi realidad por mis sueños, seré digno de que se cumplan algunos. Si no me arrastro, penduleo, lamo culos, bajo bragas y como mierda a cambio de nada, seré digno de ser personas. Y es posible que enonces, solo entonces, lo que coma me sepa a gloria, vivir se convierta en una aventura diaria y no una pesadilla y amar y ser amado será uno de los pocos placeres de la vida. Honestidad, sacrificio y dignidad. Valores olvidados que si los retomamos algún día, es posible que dejemos de ser esas ratas de alcantarillas que algunos estámos llegando a ser. A lo mejor los que vienen atrás, se da cuentan que juntos podrán luchar contra las ratas. A lo mejor el día de mañana la rata mayor del reino sea derrocada y solo entonces, aún muertos, algunos estemos orgullosos de haber intentado seguir luchando contra imposibles. Es decir, seguir soñando.

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